miércoles, 5 de diciembre de 2012

Pulverizando fronteras



En un viaje así tenés una dosis de adrenalina que te corre por las venas. Es mínima, pero es permanente. Salir de la comodidad de la ciudad para avanzar hacia lo desconocido, al principio me daba miedo, más tarde se volvió costumbre, ahora es una necesidad.

Después de unos días de playa en el Pacífico de Costa Rica, la caravana de “La Mimosa” y “La Flecha negra” cruza la frontera hacia Nicaragua. Como nuestros amigos cordobeses tienen organizadas varias funciones y no hay muchos lugares recomendables para visitar, con Marti decidimos seguir viaje así que nos despedimos de Belén y Jorge esperando volver a vernos más adelante.

Aceleramos. Y pulverizamos fronteras. No tenemos una buena impresión de Nicaragua, Honduras ni El Salvador. Vemos bastante pobreza y varias personas nos advierten por la inseguridad.

Cruzamos a Guatemala. Cerca de la ciudad Antigua Guatemala nos encontramos con dos viejos amigos de mis viejos que viven acá desde hace más de 20 años. Roby y Bertha nos reciben en su casa. Qué bien se siente el abrazo de gente querida después de tanto tiempo lejos.

Ellos están al tanto de todo lo que vivimos desde que salimos de Buenos Aires. Roby está alucinado y nos felicita por nuestra valentía (vive en la ladera de un volcán activo, no sé quién es el verdadero valiente).

Una rica cena con vino argentino, una buena ducha con agua caliente y dos tandas de ropa para lavar después, nos despedimos de Roby y Bertha, otra de nuestras queridas familias que cosechamos en el continente.

En esta última semana pasamos por cuatro países. Ahora ya estamos listos para cruzar la que quizás sea nuestra última frontera. Qué cerca estás, México lindo y querido.


Avanza la caravana comunicada por walkie-talkie a toda velocidad (unos 70 km/h)

El pacífico de Costa Rica. Acá pasamos la noche. Qué tul?
La banda del snorkel.

"La Flecha negra" es como nosotros: nos cuesta arrancar a la mañana.

Belén y Marti en la isla de Caras.


Martina la sigue pasando mal, pobre.

Jorge suma otro país a "La Flecha negra", Nicaragua. Hasta pronto, amigos. Los queremos y los extrañamos.. 

Con Bertha y Roby en la puerta de su casa.


Martina explora su nuevo hogar dulce hogar por un día.
Gracias por todo, familia querida!!!

"La Mimosa" en Antigua Guatemala. Acá agarramos wifi gratis.

Ruinas coloniales en Antigua.

Típica callecita de la ciudad.

Antigua es Patrimonio histórico y cultural de la humanidad.

Iglesia en ruinas en pleno centro de la ciudad.

Mujeres descendientes de mayas producen y venden tejidos.


Una frontera más. Una frontera menos. Ahí vamos, México. (linda foto nos sacó Martina)


miércoles, 28 de noviembre de 2012

El Aleph ambulante


Qué dulce, intensa, brillante y placentera se vuelve la vida cuando te sacás de encima el mandato social y te la jugás a fondo por eso que te late. No me vengan con eso de procurarse confort y una existencia previsible con el correr de los años. A mí me dejan con este viaje de sorpresas, eh?

Esta es la verdadera no-rutina. Pero lo que sí se repite son las preguntas de la gente: ¿cuánto hace que están viajando? -10 meses. ¿Cuándo vuelven? -No sabemos. ¿Hasta dónde quieren llegar? -En principio, hasta México. Después veremos.

Llegamos a San José y ya se siente más cerca ese objetivo. Nos ponemos a tocar música en la peatonal del centro con un cartelito que dice: "Hoy es un gran día para concretar tu sueño. Por favor, ¿nos ayudas con el nuestro? Música de Argentina a México. Gracias Costa Rica!!!" 

Y entonces la vida misma empieza a pasar frente a nosotros. Se arman grupos de gente que se queda a escuchar por un rato y ponen sus billetes y monedas en la gorra: punks, monjas, barrenderos, amigos, familias, grandes, chicos y el bebé que llega llorando en el cochecito y en seguida sonríe. Otros músicos con guitarras al hombro, el señor que nos pregunta si tenemos un disco, el poeta que nos regala su último libro dedicado, un par de borrachos que se ponen a bailar, la señora que le regala galletas a Martina porque "ama a los perros" y una chica ilusionada que nos dice que estudia canto y la invitamos a sumarse un par de temas. La pareja de enamorados que nos quiere contratar para su casamiento, unas personas sin techo que sonríen por un rato, el profesor de música que nos dice que podemos tocar en un auditorio grande y el pibe que nos pregunta si puede viajar con nosotros. Turistas y locales que sacan fotos y graban videos con el celular. Otro que llama a alguien y le hace escuchar la música al teléfono, el argentino que nos invita a Guadalajara donde tiene una fábrica de pastas, las mamás que mandan a los nenes a poner monedas al sombrero, los que dejan papelitos con mensajes y un no-vidente que se queda a escuchar contento. El tipo que me da un billete grande en la mano, los que se sacan fotos con nosotros, la testigo de Jehová que nos regala una revistita, la señora en silla de ruedas que se esfuerza para llegar a la gorra y el anciano que me dice en secreto que guardemos algo del dinero del sombrero para no tentar a algún ladrón. Hay bastantes que se chocan atolondrados cuando están cerca de la gorra y casi todos nos dedican palabras de amor y buenos deseos: "Mucha suerte", "los felicito", "buen viaje", "que Dios los acompañe", "me dieron ganas de cumplir mi sueño", "sigan así", "ojalá más gente se animara a hacer lo que hacen ustedes", "pura vida!", y etc., etc. Y como si esto fuera poco, una mujer embarazada de 8 meses y medio que viene a romper bolsa justo al lado de nosotros. La asisten unos policías, llega una ambulancia despacio por la peatonal y se la lleva. Te juro que es cierto. Marti no me dejaría mentir, como fanática defensora de la verdad.

Tocamos por varios días y la gorra rebalsa. Al final de cada noche debe pesar unos 5 kilos. Y en la camioneta hay monedas por todas partes. Levantás una zapatilla, monedas. En la guantera, monedas. En los asientos, monedas. En la heladera, monedas. Monedas, monedas y monedas, y también billetes. La cantidad de plata nos supera. No llegamos a contarla pero calculamos que en un par de horas de música hacemos el presupuesto de varios días.
Parece que éste dejó de ser un viaje mecánico para volverse musical. Y olé.


Ahí estamos en pleno centro de San José.

Otro que nos habla entre tema y tema.

Unos ponen por la música, otros por el cartel, y algunos por Martina.


Todo el mundo pasa frente a  nuestros ojos.


Martina, acostumbrada a escuchar música, siempre feliz.


Sigue el viaje con nuestros amigos viajeros de "la Flecha negra".


"La Flecha negra" y "La Mimosa" siguen en caravana. Ahora, a otra playa de Costa Rica.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Sonrisas de la tierra




Puerto Viejo es un pueblito con mar que floreció en el caribe sur. En Costa Rica, muy cerca de la frontera con Panamá. En cuanto entramos al pueblo detrás de “la Flecha negra” sentimos que el lugar ya nos atrae. Algo pasa en Puerto Viejo y se siente. No por nada hay varios centros de spa, acupuntura, meditación y yoga. Tanta movida no puede obedecer a otro motivo más que energético.

Hay mucho turismo, sobre todo de Estados Unidos y Europa. Artesanos, mochileros, surfers, amigos, parejas y familias que se mueven en bici por callecitas de sol. Hay hospedajes, bares y restaurantes de todo tipo, una comunidad de monos que vive en las afueras del pueblo y por supuesto, también está el “Love Hotel”.

Este antro de amor y alegría donde todo puede pasar funciona en una cabaña a sólo dos minutos del pueblo. Es un hospedaje gratis para los viajeros que pasan, sobre todo si son argentinos y más todavía si están en problemas o justos de presupuesto.

En el "Love hotel" vive su anfitrión y fundador, Osvaldo, uno de los tantos compatriotas que andan por ahí. El tipo es una máquina de tirar chistes. El “oveja”, como le dicen, abre las puertas de su cabaña a Belén y Jorge mientras nosotros dormimos en “La Mimosa” justo afuera. Son días de relajación absoluta en esta mágica playa caribeña. Días de llorar de la risa. 

Hace un buen tiempo que con Marti venimos pensando en devolver de alguna manera un poco de esta felicidad que nos rebalsa. Y se nos presenta una oportunidad perfecta: nos sumamos a Belén y Jorge para tratar de aportar algo en su próxima función de títeres, que harán gratis en una escuelita de una comunidad nativa. 

Así, siguiendo las indicaciones de Mario (un psicólogo argentino que vive en el pueblo) nos metemos por el camino del terror, repleto de pozos que convierten a la Mimosa en coctelera rodante, y después de más de una hora llegamos a la escuela. 

Se prepara el auto-escenario. Mientras tanto, nosotros tocamos un poco de música como previa. Los chicos nos miran como extraterrestres. Están contentos, ansiosos, expectantes. Nunca vieron títeres. Jorge y Belén hacen una función magnífica y los pibes alucinan. Es una experiencia muy emocionante para todos. Devolvemos un poco de felicidad y sin querer nos vuelve más todavía. 

Es la mejor despedida de Puerto Viejo. Ahora nos queda una noche más en el "Love Hotel" y después nos espera San José. Sigue la caravana. Sigue el viaje. Por Dios, cómo lo voy a extrañar cuando termine. (si es que algún día termina).


Una de las playas de Puerto Viejo, Martina siempre dando vueltas.

La Mimosa estacionada a unos 10 metros del mar.


Acá estamos los tres, listos para devolver tanta alegría.

Casa de la cultura en el centro de Puerto Viejo.

Otra callecita típica del centro. Sale bici.

Días de relajación. Un poco de música en la playa nunca viene mal.

Parece una cabaña de película de terror, pero es todo lo contrario. Es el "Love Hotel".

El Oveja, un grande, fundador y anfitrión del hospedaje donde todos son bienvenidos.


Interior del "Love Hotel". Con suerte agarrás wifi de un hotel vecino.



Jorge, Mario, Belén y un perro amigo coordinan detalles de la función de títeres.

Nos internamos en la selva con "La Flecha negra" rumbo a la comunidad aborigen.

"La Flecha negra" llega a la escuela.




La obra promueve la participación de los chicos y el trabajo en equipo.

Belén, Marti, yo, Marito y Jorge. Misión cumplida. Todos felices.
 
Despedida de Osvaldo. Algún día volveremos al "Love hotel".

Sigue la caravana de "la Mimosa" y "la Flecha negra". Próximo destino: San José, capital de Costa Rica. 

martes, 13 de noviembre de 2012

La Flecha negra

“La Mimosa” no se puso mimosa con los operarios del puerto. Pero los operarios del puerto sí se pusieron mimosos con ella.


Resulta que recuperamos la camioneta y notamos que forzaron una reja de seguridad y nos robaron de todo. A saber: los anillos de casamiento, inversor de la batería, celular, disco externo, pasaporte vencido pero con visa vigente de EE.UU., súper cuchillo de cocina, súper auriculares, dos cajas de herramientas, trípode de cámara, lentes de lectura, dólar de la suerte, termo calentador de agua, estuche de CDs de Marti (incluido el primer CD que compró en su vida) y cada día descubrimos algo nuevo que nos falta.

Nadie se hace cargo y así nos recibe Panamá: con una lección para aprender a desprendernos de las cosas. Nos vamos rápido de la capital que nos sopapea con un tránsito endemoniado y pasamos un par de días en Boquete, lindo pueblito en medio de un valle.

Seguimos viaje rumbo al norte y cerca de la frontera con Costa Rica nuestra vida vuelve a cambiar gracias a otros dos viajeros argentinos. Son Belén y Jorge. Salieron hace 10 meses de su Córdoba natal y van rumbo a México en un Citroen del ´79 (con motor de 600 cc y 3 caballos de fuerza) conocido como “la Flecha negra”. El auto es su transporte y también el escenario de una función de títeres que hacen en escuelas.

Belén es psicóloga, hipersensible, hipergenerosa, con gran oído musical heredado de su viejo y tan preocupada por la limpieza como Marti. Jorge es profesor de educación física. El tipo no es un soñador. Es un visionario, o sea, un soñador de una categoría más elevada. 
Cuando te cuenta cómo imaginó el viaje o algún proyecto extravagante que tiene en mente, le brillan los ojos y sonríe como niño en Navidad. El muy culeao no habla al pedo. En algún momento va a concretar todo lo que quiere.

Entre los dos forman un equipo perfecto. Tienen el corazón para imaginar un delirio, la cabeza para planificarlo, la fuerza de voluntad para concretarlo y la paz interior para ignorar a esa gran cantidad de falsos consejeros que te dicen que lo que imaginás es imposible.

Con ellos compartimos un par de días en Panamá y sentimos que el equipo se agranda. Hay armonía, risas, charlas profundas, risas, confesiones privadas, risas. Todo fluye con naturalidad. Decidimos cruzar la frontera y seguir juntos a Costa Rica.

“La Flecha negra” y sus ocupantes son la sensación de la ruta. Una verdadera atracción turística. La gente les toca bocina y los saluda. En las estaciones de servicio siempre se les acerca alguien para hablar y los curiosos se sacan fotos que suben al instante.

Siguiendo los principios de la aerodinamia, “la Flecha negra” viaja adelante y “la Mimosa” atrás. Y ahí vamos. Como equipo. Como compañeros. Como amigos. Como hermanos. Como lo que seamos, pero juntos. La sensación de viajar en caravana es alucinante. 


Zona de la cinta costera, en Panamá city.

Mega edificios y tránsito imposible.

Vista de la cinta costera desde el centro histórico.

El centro histórico de Panamá, patrimonio cultural en restauración.

Aborígenes con vestimenta típica pasean por el centro histórico.

Marti y Martina en la plaza principal del casco antiguo.


Boquete, un pueblo en el centro del país. Valle, ríos, cascadas. Y un poco de fresco, por fin.

Nano-siesta a la orilla de un río.


Valle escondido, en Boquete.

Marti y Martina caminan por Boquete.

Ahí estoy en el puente con Martina.

Acá pasamos la noche, justo al lado de la cascada.

Vinito y un poco de fresco al lado del río.

Cocinando al lado del río.

Niña de una comunidad aborigen, en Boquete.

Amanecer entre el río y la cascada. Nos preparamos para desayunar.

Un alto en una estación de servicio, a la salida de Boquete. 




"La Mimosa" y "La Flecha negra" se encuentran en un estadio de béisbol.

¿Alguien me puede explicar qué hacemos acá??

Marti agarra wifi en la tribuna alta.

Ahí va "La Flecha negra" esquivando el tránsito.

"La Mimosa" y "La Flecha negra", juntas en el mar.

Jorge y Belén, de Córdoba a México.

"La Flecha negra", Jorge y Belén. Ahora y mientras podamos, juntos.